
Publicado: 28-06-2010
La dorada lluvia del veranoJuan José Morales
Esta es la época en que pueblos y ciudades de la península se ti-ñen de rojo con las flores del flamboyán. Y también de dorado, pues junto con ese árbol florece esplendorosamente otro que por lo general se siembra alternado o entremezclado con él: la cañafístula o lluvia de oro.
Pero, aunque típicos de la península, ninguno de los dos es origi-nario de esta parte del mundo. Ambos son exóticos. Es decir, proceden de otros países y fueron introducidos después de la conquista española. El flamboyán es nativo de la isla de Madagascar en el océano Indico, frente a la costa oriental de Africa. La cañafístula, de la India y el sureste de Asia. Es el árbol nacional de Tailandia.
El nombre común de lluvia de oro obedece a la gran cantidad de flores de vivo color dorado dispuestas en largos ramilletes colgantes, de unos 40 centímetros de largo, que produce a lo largo de meses. Su floración, como decíamos, es impresionante, pues —al igual que el flamboyán— pierde las hojas y queda cubierto de flores casi por entero. Eso lo hace muy importante como especie melífera.
En la nomenclatura científica se le conoce como Cassia fistula. Aunque, según tengo entendido —y si me equivoco espero que algún botánico me corrija—, el género Cassia fue dividido hace poco tiempo y una parte del centenar de especies que en él estaban comprendidas, inclusive la lluvia de oro, pasaron al género Senna, de modo que ahora estaría registrado como Senna fistula. Es un árbol de mediano porte. Por lo general alcanza entre seis y nueve metros de altura, pero si las condiciones son propicias puede llegar a 15 o más. Resulta inconfundible no sólo por sus abundantes flores sino también por la gran cantidad de largas vainas cilíndricas de color café muy oscuro o negras que produce después de la floración y a cuya forma se debe precisamente el nombre científico de la especie, fistula, que en griego significa tubo. Estos frutos Llegan a medir 60 centímetros y en ellos están encerradas las semillas, envueltas por una pulpa de sabor dulzón.
Aunque su uso principal es como especie de ornato y por ello ha sido llevada a casi todos los países tropicales y subtropicales del mundo, donde se siembra profusamente en calles, parques, jardines y avenidas, tanto la pulpa de las vainas como la corteza y las hojas tienen usos medicinales, al igual que las de casi todas las especies de los géneros Cassia y Senna. Sobre todo se emplean como laxante aunque también se les atribuyen propiedades curativas de muchas y muy diversas enfermedades, inclusive la sífilis, el paludismo, la lepra y —por contradictorio que parezca dada su acción laxante— hasta contra la diarrea. Hay, sin embargo, que tener cuidado al recurrir a estos remedios, pues en altas dosis causan náuseas, vómitos, calambres y dolores abdominales.
Esa acción laxante se debe a ciertas sustancias químicas llamadas antraquinonas, que además de producir tal efecto son bactericidas, analgésicas y alivian las quemaduras. Esos mismos compuestos se en-cuentran también en la sábila o Aloe vera, otra planta muy usada en medicina popular precisamente para tratar quemaduras.
Así pues, en estos meses hay que disfrutar del hermoso espectá-culo que ofrecen la lluvia de oro y el flamboyán, dos árboles llegados del otro lado del mundo pero ya naturalizados en tierras del Mayab.
Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx
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