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IMPACTO AMBIENTAL

Publicado: 25-11-2010

Sólo dos grados hacen la diferencia


Juan José Morales

Hace años, me topé en el puerto de Ensenada con un buque atunero de nombre muy peculiar: Cartadedeces. No Carta de Dieces, sino como queda escrito. Indagando un poco, descubrí que la nave había sido bautizada así, en un acto de adulación al presidente Luis Echeverría, por la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, que promovía el mandatario y de la cual por cierto ahora nadie se acuerda. Pero como el nombrecito era tan largo que, comenzando en proa, habría cubierto por entero la banda de babor y dado vuelta por popa para con-cluir en el costado de estribor, se decidió compactarlo en Cartadedeces.

Algo semejante ha ocurrido con la COP16, que se iniciará el próximo 29 de noviembre en Cancún. Oficialmente se denomina 16ª edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Na-ciones Unidas sobre el Cambio Climático, así que para no quedarse sin aliento al recitar ese kilométrico nombre, se decidió abreviarlo COP16. Pero como simultánea y paralelamente a la reunión se desarrollará tam-bién la oficialmente llamada 6ª Conferencia de las Partes actuando como Reunión de las Partes del Protocolo de Kyoto, la COP16 será en realidad la COP16/CMP6.


Si ya se mareó con tanta palabrería y tanta sigla, no se preocupe y olvídelas. Lo impor-tante es el tema central de la doble reunión: el problema del calentamiento global y el cambio climático que ese aumento en la temperatura media de la Tierra está ocasionando. Se supone que en Cancún los gobiernos deben llegar a acuerdos concretos para detener el fenómeno, o por lo menos atenuarlo hasta límites tolerables, puesto que revertirlo resulta prácticamente imposible. Y tiene que haber acuerdos, por-que si el calentamiento prosigue —o, peor aún, si se agrava— las consecuencias para la humani-dad serían simple y sencillamen-te devastadoras.




Las últimas estimaciones de los expertos de todo el mundo que in-tegran el Panel Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático (PIECC) son, para decirlo suavemente, escalofriantes. Calculan que bas-taría un aumento de 2 grados para ocasionar sequías en vastas regiones del mundo y lluvias torrenciales y destructoras en otras, así como serias pérdidas de las cosechas, un sensible incremento en el nivel del mar —con la consecuente afectación en las zonas costeras— y una grave dis-minución en las disponibilidades de agua para uso doméstico e indus-trial. Los ecosistemas, sin embargo, podrían adaptarse en tiempo relativamente corto a esas nuevas condiciones, lo mismo que las activi-dades humanas que de ellos dependen.

Pero una diferencia de sólo un par de grados en la magnitud del calentamiento tendría consecuencias catastróficas. Si el aumento en la temperatura media anual es de 4 grados o poco más, dicen los exper-tos, habrá extinciones masivas de especies, pérdidas del orden de hasta 30 a 50% en la producción de alimentos en amplias regiones, una dra-mática inundación en las zonas costeras bajas de todo el mundo, y una hambruna generalizada que afectaría a no menos de mil millones de personas y tal vez a cuatro mil millones, lo cual equivale a casi dos de cada tres habitantes del mundo.

Las perspectivas, pues, son bastante sombrías. Y lo peor del caso es que, a pesar de las advertencias de los científicos y las exigencias de las naciones más gravemente amenazadas, los intereses de los países más desarrollados —que son los principales causantes del calentamiento y el cambio climático— han frustrado hasta ahora la adopción de medi-das para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero que pro-vocan el ascenso de temperatura, y han impedido poner en práctica medidas reales y efectivas para ayudar a los países más vulnerables a prepararse para lo que parece un desastre inevitable.

Por ello hay tanto pesimismo respecto a la COP16/CMP6. Muy po-cos esperan resultados tangibles de esa reunión.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


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